Los museos secretos de la última dictadura

31/10/2026
Posted in Películas
31/10/2026 Juan Pablo Mansilla

Los museos secretos de la última dictadura

El documental reconstruye la historia de los museos creados por la última dictadura argentina para exhibir objetos secuestrados durante operativos ilegales. Una investigación a partir de archivos inéditos que revela uno de los aspectos menos conocidos del terrorismo de Estado.

Entre los horrores de la última dictadura, algunas historias todavía persisten en las sombras. Los llamados museos de la subversión que el gobierno militar inauguró a partir de 1978, acaso sean uno de los temas menos transitados por los libros de investigación y el cine documental.

Se trató de una red de museos montados por la dictadura para exhibir elementos secuestrados a militantes políticos en operativos clandestinos. Un espacio para resguardar la narrativa castrense y subrayar que la violencia era patrimonio exclusivo de los grupos guerrilleros. El primer museo se inauguró en Campo de Mayo (1978), a metros del centro clandestino de detención El Campito. Dos años después, la dictadura abrió otro en el Tercer Cuerpo del Ejército, en Córdoba, en las inmediaciones de La Perla, uno de los mayores centros clandestinos de detención y exterminio del país. En 1981 se sumó el del Regimiento de Infantería 1 Patricios, en el barrio porteño de Palermo, que ocupa un lugar central en el documental Museo de la subversión.

La película del realizador Francisco D’Eufemia –uno de los mejores documentales de 2026– reconstruye la historia de estos espacios a partir de imágenes hasta ahora inéditas registradas por un grupo de periodistas extranjeros que cubrían las últimas jornadas del Juicio a las Juntas Militares, en 1985. Con un notable trabajo de montaje, que combina los archivos con una delicada presentación gráfica, el largometraje estudia las exhibiciones llenas de armas, granadas, libros y otros objetos secuestrados durante los operativos de los grupos de tareas.

Materiales que cambiaban de manos y adquirían un nuevo significado. Las pertenencias de los militantes del ERP y Montoneros, dos de las principales organizaciones guerrilleras de la época, eran utilizadas para construir una singular representación del «enemigo». Un material estremecedor que permaneció prácticamente desconocido durante cuatro décadas.

A propósito del estreno de Museo de la subversión en la Sala Lugones en Buenos Aires, esta semana hablé con su director Francisco D’Eufemia sobre los orígenes del proyecto, el hallazgo de las grabaciones y sobre las primeras repercusiones del documental.

El origen: «En la pandemia estaba trabajando en un documental sobre operaciones psicológicas durante la dictadura. En el marco de este proyecto viendo campañas de prensa y producciones audiovisuales de la dictadura, Laura Mattarollo, productora de archivo de la película, me acercó las imágenes de una visita guiada al museo. En un principio me resultó algo demasiado exótico y difícil de entender. Me puse a investigar y descubrí la red de museos que había detrás de esas imágenes. Era algo mucho más amplio, había otros fondos documentales que se referían a esas instalaciones y, al mismo tiempo, había un diálogo interesante entre el cine y el museo como dispositivo, con sus parecidos y semejanzas. A partir de ahí estuvimos un par de años filmando, buscando nuevos archivos y corroborando informaciones. La investigación continuó mientras hacíamos la película y ahora que adquiere esfera pública me sigo enterando de cosas a partir de gente que escribe en las redes sociales».

Los archivos inéditos: «A principios de los años ‘80, los equipos de grabación de video eran grandes, pesados y requerían de un operador profesional. Era bastante común que un periodista viajara a un país extranjero y contratara a un camarógrafo local para cubrir distintas notas. Acá había un camarógrafo llamado Jorge que tenía un equipo de grabación U-matic, que era el primer sistema de grabación de video analógico en cassette ampliamente extendido. Por lo que podemos ver en los cassettes de su archivo, este camarógrafo fue contratado por los periodistas extranjeros. Un día podía cubrir la entrada o salida de gente que declaraba en los juicios, otro día un programa de televisión y otro un evento cultural. En ese contexto, no sabemos por invitación u orden de quién, el camarógrafo acompañó a los periodistas extranjeros a una visita guiada al museo. Por la fecha del tape y por la numeración del archivo, podemos saber que ocurrió durante la etapa de alegatos del Juicio a las Juntas Militares».

La función de los museos durante la dictadura: «En un principio, los museos, por despliegue, tamaño y ubicación estaban más que nada dedicados a la familia militar. Es lo que (el periodista y escritor) Pablo Llonto denomina cohesión interna. Había que alentar y darle fuerza a la gente que participaba en la represión ilegal, alimentar ese deseo de participar. Entonces, estos espacios eran una suerte de lugar de comunión, un espacio oculto, prohibido».

Las primeras imágenes del museo: «La primera vez que vimos las imágenes no vimos todo, sino una parte. Esa primera visualización fue algo muy árido. El material original tenía poco diálogo, todo era muy silencioso y las posiciones de cámara en su mayoría eran fijas. A medida que empezamos a hacer la película nos dimos cuenta de que queríamos reponer algo de esa primera experiencia en la película final. Queríamos que los espectadores pudieran acercarse lo más posible a esa sensación».

Un registro excepcional: «Los periodistas se permiten hacer preguntas a los guías que estaban un poco vedadas en aquel entonces. Me da la sensación de que hay una falsa ingenuidad. Sucede algo muy particular en la grabación: da la sensación de que el guía no sabe que está siendo grabado en audio. Hoy hablamos de la excepcionalidad del material porque refleja estos museos que prácticamente nadie conoce, pero hay algo más: es un material no oficial filmado dentro de una unidad militar. Eso es muy excepcional porque todo el material audiovisual que se generaba dentro de las unidades militares estaba muy controlado, desde su hechura y su puesta en escena hasta lo que se decía mientras se grababa. Cuando ponemos eso en la dimensión que plantea la película entre el museo de la subversión y el campo de concentración, la filmación probablemente sea lo más cercano a una investigación periodística que se pudo acercar a alguna clase de esos espacios y de lo que tengamos registro hasta ahora».

Los visitantes de los museos: «Iban muchos chicos de cuarto o quinto año y también algunos colimbas, que eran un poco más grandes y estaban expuestos a ese tipo de bajadas de línea o situaciones de educación forzada. Entre los jóvenes, la mayoría de los recuerdos son bastante repulsivos, lo cual me sorprende un poco. Nadie tiene un recuerdo bizarro o anecdótico, sino que el recuerdo viene por el lado de la repugnancia que le generaba el lugar. Me sorprende que nadie tenga un recuerdo gracioso o que le haya parecido algo de consumo irónico, incluso como un recuerdo reconfigurado después. Evidentemente hay algo en la experiencia de visitar los museos que era bastante terrible».

Los recursos gráficos y la información: «Cuando terminamos de rodar seguían apareciendo cosas. Algunas se volcaban a la voz en off y otras a través de la información gráfica que generó Nicolás Rodríguez Fuchs. Había una cuestión muy didáctica que tenía que estar, pero también una barrera que había que vencer para que la película no sucumbiera en el didactismo».

Documentales de referencia: «Me había gustado mucho una película que se llama Respite (Aufschub en su título original, de 2007), de Harun Farocki, sobre un campo de concentración nazi. Se ven unas filmaciones de los apresados en el campo bailando, divirtiéndose. Es una película bastante confusa y perturbadora. También me había gustado mucho Los Angeles Plays Itself (2003), de Thom Andersen, una película sobre Los Ángeles hecha con fragmentos de cine independiente de los años ‘70″.

El cierre de los museos: «En 1994 se desmonta el museo. Según tengo entendido, porque hablé con (el ex jefe del Ejército) Martín Balza, que fue quien lo desmontó, el museo de Palermo hacía muchos años, probablemente una década, que estaba cerrado. Pero seguía montado. Estaba cerrado al lado de los edificios principales de la zona de institutos militares».

(*) Museo de la subversión se podrá ver en los siguientes días y horarios:

Sala Lugones:

Jueves 05/11, 21 hs.

Viernes 06/11, 21 hs.

Sábado 07/11, 21 hs.

Domingo 08/11, 18 hs.

Jueves 12/11, 18 hs.

Viernes 13/11, 15 hs.

Martes 17/11, 21 hs.

En la cuenta de Instagram del documental se actualizarán las próximas funciones en el resto del país. En mi cuenta de Letterboxd armé una lista con más de 50 documentales sobre la última dictadura.

Trailer de Museo de la subversión, de Francisco D’Eufemia