«Había que contar la historia de Raymundo y había que recuperar su cine porque es parte viva de nuestro pasado y de lo que nosotros mismos queríamos hacer en el presente y en el futuro», dijo la cineasta Virna Molina en una entrevista, al recordar al documentalista argentino Raymundo Gleyzer, desaparecido hace 50 años por la última dictadura cívico-militar.
En Raymundo (2003), el documental que Molina co dirigió con Ernesto Ardito, la figura de Gleyzer aparece reconstruida desde distintas perspectivas: como militante, documentalista y padre de familia. Desde sus primeros trabajos en 1963, Gleyzer desarrolló una filmografía atravesada por los procesos políticos de América Latina y un interés permanente por el documental social.
En su largometraje, la dupla de realizadores propone un recorrido por sus obras a partir de entrevistas con antiguos compañeros de trabajo de Gleyzer, como los directores Humberto Ríos y Dolly Pussi, y Álvaro Melián, co guionista de Los traidores. También participan integrantes de su familia: su madre Sara Aijen, su esposa y sonidista de sus películas Juana Sapire, y su hijo Diego Gleyzer, que presta la voz en off para la lectura de varios textos de su padre.
Raymundo recupera también su actividad como cronista de Telenoche. En 1966, Gleyzer viajó a las Islas Malvinas y registró imágenes que se convirtieron en uno de los primeros testimonios televisivos argentinos filmados en el archipiélago. Tres años después, cuando se cumplía una década de la Revolución cubana, viajó a La Habana para contar la nueva realidad de la isla. Una experiencia que, según los testimonios del documental, lo marcó ideológicamente y lo dejó entusiasmado.
Interesado en la política, en la cuestión social y la defensa de los derechos de los trabajadores, una cita permanente de lo que ocurría en la realidad aparece en sus producciones. «Hay algo que plantean varias de las cartas y documentos que escribe. Había una cuestión generacional de primero hay que hacer la revolución. Pero, a pesar de esa prioridad, él tenía algo que lo desbordaba. Raymundo entendía el valor del cine, sabía que eso iba a trascender el tiempo. Y así fue», reconstruyó Virna Molina.
Raymundo se estrenó hace 23 años y tuvo un extenso recorrido por más de cien festivales de cine de todo el mundo. La ópera prima de Molina y Ardito, que desde este mes puede verse gratis en Youtube en una copia remasterizada y restaurada por sus directores, se convirtió también en un potente documental sobre la segunda mitad del siglo XX. La proscripción de Juan Domingo Perón, la censura de la dictadura de Juan Carlos Onganía, el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, por enumerar apenas tres ejemplos, aparecen entre los temas sobresalientes del momento.
«Creo que el mejor homenaje que se le puede hacer a Raymundo es construir memoria, formar desde una subjetividad diferente a las nuevas generaciones y no dejar morir al cine como herramienta de transformación del pensamiento», aseguró Molina.




