Amor, mujeres y flores, un clásico restaurado

27/06/2026
Posted in Películas
27/06/2026 Juan Pablo Mansilla

Amor, mujeres y flores, un clásico restaurado

Entre 1984 y 1989, los cineastas colombianos Jorge Silva y Marta Rodríguez, se propusieron mostrar el costado menos amable del negocio, al denunciar las enfermedades que afectan a los trabajadores del sector, un asunto rara vez explorado por el cine documental colombiano hasta ese entonces.

Segundo exportador mundial de flores detrás de Países Bajos, Colombia es desde hace décadas un actor central en el negocio de la floricultura. Orgullo nacional y símbolo de modernidad durante años, las flores representan para el país el segundo rubro de exportación detrás del café.

Entre 1984 y 1989, los cineastas colombianos Jorge Silva Marta Rodríguez, se propusieron mostrar el costado menos amable del negocio, al denunciar las enfermedades que afectan a los trabajadores del sector, un asunto rara vez explorado por el cine documental colombiano hasta ese entonces.

«Detrás de cada flor hay una muerte», dice una de las primeras entrevistadas antes de enumerar los padecimientos que acarrea el uso de pesticidas.  Se estima que en la década del ‘80 unas 45 mil mujeres colombianas trabajaban en invernaderos cultivando claveles, rosas y crisantemos en condiciones precarias y expuestas a distintos materiales tóxicos. La decisión de los directores, una dupla de documentalistas considerados pioneros en el país, fue un acto transgresor.

«Amor, mujeres y flores nació de una profunda necesidad de mirar hacia las mujeres que sostienen, con su cuerpo y su trabajo, una de las industrias más lucrativas de nuestro país. Al recorrer una y otra vez la Sabana de Bogotá —territorio donde crecí—, comenzamos a notar cómo el paisaje cambiaba: : los cultivos de trigo y cebada desaparecían, los invernaderos se multiplicaban, el monocultivo avanzaba silenciosamente. Pero ¿qué hay detrás? Lo que parecía progreso era, en realidad, un proceso violento de transformación ambiental y social. Y fue ahí donde surgió la pregunta de Jorge: ¿Cuánto cuesta producir belleza?», recordó Marta Rodríguez sobre los orígenes del proyecto.

Dividido en dos partes, el documental recorre la línea de producción del negocio de la flor, cruzado siempre por los testimonios que dan cuenta de las condiciones precarias de sus trabajadoras, y el uso descontrolado de pesticidas. «Estamos programados: no tenemos derecho a ir al baño, no tenemos derecho a tomar agua», dice uno de los fumigadores. «Un día de trabajo es un año menos de vida», apunta.

Silva y Rodríguez se ganaron la confianza de una docena de trabajadores que, de manera muy valiente y aún empleados en el sector floricultor, denunciaron frente a las cámaras la explotación de grandes empresas como Bayer. «Desde el inicio, Jorge adoptó una metodología profundamente inmersiva. Durante años se acercó a las trabajadoras, no sólo como cineasta, sino como ser humano dispuesto a escuchar. A través de entrevistas íntimas, buscó capturar la palabra más personal. Porque lo íntimo también es político: las enfermedades del cuerpo, la violencia en el hogar, la explotación cotidiana, pero también los sueños, las aspiraciones, la imaginación de otras vidas posibles, hablan de estructuras más grandes. Las mujeres no solo compartieron su sufrimiento; compartieron también sus esperanzas, sus anhelos por un futuro distinto, sus gestos de ternura y dignidad en medio de la precariedad», contó Rodríguez.

Amor, mujeres y flores se convirtió con los años en un clásico de culto del cine colombiano, pero su rodaje sufrió varios traspiés. La copia restaurada –reestrenada en 2023 en el Festival de Cannes y ahora disponible en MUBI– se hizo con el negativo original, pero incluyó algunos elementos duplicados luego de que se perdieran los originales.

«Cuando Jorge murió en 1987, en pleno rodaje, sentí que debía continuar la obra desde una mirada que ampliará aún más esas voces. Fue un momento muy difícil. Me vi sola con mis hijos, con un duelo personal, con una película sin terminar y con muchos obstáculos por delante», explicó Rodríguez. «Yo sabía que no podía abandonar la película. No solo por un compromiso ético y emocional con las mujeres, sino también porque teníamos una responsabilidad profesional que cumplir. Habíamos recibido el apoyo de Channel 4 de Inglaterra como coproductores, y debía responder, justificar el uso de los recursos, y entregar la obra terminada».

Trailer de Amor, mujeres y flores, de Jorge Silva y Marta Rodríguez

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