«El nombre estuvo antes que la película. No había película y ya había nombre», contó Valentina Bassi cuando le preguntaron por Presente continuo, el último documental del director Ulises Rosell centrado en Lisandro, el hijo adolescente de la actriz y el cineasta diagnosticado con trastorno del espectro austista. «La sensación primaria que nos sucede es que vivimos en un presente continuo como padres porque el futuro nos da miedo, en todo sentido», explicó.
Ganadora del Premio del Público en el último BAFICI, Presente continuo sigue al adolescente de 17 años en ensayos teatrales de su madre o en movilizaciones callejeras en un intento amoroso (y por momentos infructuoso) de aproximarse a su universo. Rosell, que debió ocuparse de la cámara, el sonido y la fotografía para preservar cierta intimidad en el entorno de su hijo, juega deliberadamente con los límites de la ficción y el documental para retratar el mundo de Lisandro.
En una de las escenas iniciales, por ejemplo, lo acompaña a los ensayos de la obra Salvajada, una adaptación del cuento Juan Darién escrito por Horacio Quiroga, donde Valentina Bassi encarna a una madre que busca proteger a su hijo, un yaguareté devenido en humano que debe sobrevivir en un mundo hostil. Esta fábula fantástica, con un claro mensaje anti bullying donde el diferente ocupa un lugar incómodo, es una increíble alegoría sobre la maternidad y los vínculos humanos que dialoga con Presente continuo.
Película de observación, retrato de personaje y ensayo sobre la familia, el trabajo de Rosell es sin dudas uno de los documentales más luminosos del año. Esta semana, a propósito de sus funciones en las salas de Cacodelphia y MALBA, hablé con el realizador sobre el origen del proyecto, la selección de escenas y sobre cómo repercutió la película en su hijo.
El origen: «Yo tenía la fantasía de filmar algo con Lisandro, en una especie de improvisación donde hubiera personajes y una situación de ficción. En esa idea primigenia, Lisandro era el hijo de una de las protagonistas con una historia que tenía que ver con el mundo de la actuación. Pero viendo lo filmado noté que lo más cautivante del asunto era el propio Lisandro. Más allá de la situación dramática de los personajes inventados, del posible plot twist que queríamos para plantear la película, lo importante era la espontaneidad y el magnetismo de Lisandro. Lo que más me atraía era su imagen con todas sus extravagancias y sus conductas».
Grabar sin equipo: «Cuando me di cuenta de que tenía que privilegiar la intimidad de Lisandro, mediatizada mínimamente por la parte técnica, fue cuando encontré la película. Inicialmente había empezado a grabar con el mismo equipo con el que habíamos filmado El futuro (N. del E.: su película anterior centrada en la pandemia de COVID-19)».
Las escenas: «Fui grabando episodios. Al comienzo pensábamos en un cortometraje alrededor de Lisandro en el teatro y en su vínculo con Valen y Salvajada, con esa metáfora absolutamente explícita del diferente que no está integrado. Luego apareció la línea divisoria entre realidad y ficción. Ahí se me ocurrió sumar a Jeff (Zorrilla, director de cine estadounidense y amigo de Rosell) como un personaje de ficción al que le sucede algo real en su vínculo con Lisandro».
El afiche de la película: «Es una serie de fotos que tomé durante un viaje a Mar del Plata. Me llamó la atención la secuencia: son tres fotos rápidas con tres expresiones completas muy diferentes. Charlé con (el diseñador) Andrés Mendilaharzu sobre transmitir la idea de una secuencia y poner esas imágenes como si fueran fotogramas. Él me contestó: ¿Quién carajo sabe lo que es un fotograma hoy? y se inspiró en la tapa de Quadrophenia de The Who«.



