Cuando Toia me preguntó qué me motivaba a hacer este documental, le contesté: ‘Ya estoy harto de hablar con los presos siempre de las mismas cosas’», dice Marcos Joubert, codirector junto a Toia Bonino de Plata o mierda. La película, que lo tiene de protagonista y acaba de ganar el Gran Premio de la Competencia Argentina en BAFICI, narra su encierro en cuatro cárceles bonaerenses a partir de un registro asombroso.
Con grabaciones caseras que el propio Joubert capturó con un celular que le facilitó la codirectora, la película muestra la intimidad de un mundo muchas veces estilizado por el cine y las series. Si bien el centro de Plata o mierda gira sobre el encierro de Marcos (sus condiciones precarias de vida, la espera por una resolución de su caso) el vínculo con su compañera de dirección se filtra con momentos de incertidumbre y tensión. En una suerte de doble comando adentro y afuera de la cárcel, la película recupera intercambios de Whatsapp entre ambos para dar cuenta de los estados de ánimo y del propio proceso del documental. «Hay un montón de cosas que no vas a entender porque no estás acá, los que entienden bien las cosas como pasan son los presos, vos sólo te lo podés imaginar y nada más», se escucha en uno de los mensajes.
En ese mundo interior, Joubert sigue los pasatiempos de un grupo de hombres privados de su libertad que viven hacinados y deben soportar los rulos burocráticos del sistema judicial, una situación cotidiana repetida en miles de presos en cárceles argentinas. Plata o mierda dialoga con proyectos como La visita (2019) o Rancho (2021), dos buenos documentales sobre la vida carcelaria, pero va un paso más allá con su registro interno.
Además de obtener el Gran Premio de la Competencia Argentina en BAFICI, el documental recibió el galardón Género DAC y menciones especiales de Autores de Fotografía Cinematográfica Argentina (ADF), la Asociación Argentina de Sonidistas Audiovisuales (ASA) y la Asociación de Productoras y Productores de Locaciones Audiovisuales de Argentina (APPLAA).
Esta semana, a propósito del estreno en cines de Plata o mierda, hablé con la directora Toia Bonino sobre los orígenes del proyecto, el montaje y las repercusiones tras sus proyecciones en BAFICI.
El origen del proyecto: «Conocí a Marcos en un almuerzo familiar, antes de caer detenido. Tiempo después, cuando se lo llevan a la comisaría, Marcos le dijo a su novia que, si yo me enteraba, seguro me interesaría filmar algo de su situación. Él comenzó a grabar y me fue enviando material. Durante mucho tiempo no supe que eso iba a ser una película, ni mucho menos una película codirigida con él. Era sólo un intercambio de imágenes, pero no encontraba el relato: eran materiales potentes, pero no sabía cómo organizarlos. Muchas decisiones que hoy parecen intencionales, en realidad, se definieron en el montaje. El rol de Marcos fue cambiando y también nuestra relación. Todo fue muy impredecible a lo largo de la película».
Los archivos: «Nos hablábamos casi todos los días, pero la dinámica era muy variable. Había momentos en que Marcos no tenía señal, o prestaba el celular, o se le rompía. A veces me mandaba algo puntual y otras veces subía el material acumulado de distintos días. Hubo períodos en los que no grababa nada y yo le insistía, y él me decía que ya me había mostrado todo. También pasó que se perdieron materiales porque creyó haberlos subido y los borró. El intercambio duró seis años. Había tensiones, discusiones, momentos en que yo me iba de vacaciones y después quería que me mande todo de golpe. Esa relación también forma parte de la película».
El encierro: «Hay algo de la película que tiene que ver con mostrar una experiencia que es muy difícil de imaginar desde afuera. Marcos, por ejemplo, contaba que durante años no se mojó con la lluvia. Cuando llovía, si podía, sacaba la mano por una abertura para sentir unas gotas. También me decía que extrañaba sonidos muy simples, como las chicharras en verano. Son cosas que para nosotros son cotidianas, pero que en el encierro desaparecen. Vivía en espacios mínimos, compartidos con personas que no había elegido, durante días enteros sin salir. Algo tan simple como el olor, el humo de un cigarrillo o la falta de privacidad se vuelve muy difícil de tolerar. Son experiencias que uno no termina de dimensionar».
El montaje: «Fue un proceso muy largo. Durante años no sabíamos si iba a ser una película. Hicimos distintos ejercicios: cortos, bocetos, pruebas para ver cómo combinar las imágenes con los audios. Lo más complejo fue trabajar con los audios. Había cuatro años de mensajes, muchos de ellos cotidianos, y había que elegir cuáles tenían lugar en la película. Fue un trabajo muy tedioso. En cuanto a la estructura, fuimos encontrando que lo que atravesaba todo era el vínculo, su historia dentro del encierro, su relación con su hijo, con sus parejas, con sus compañeros. También nuestras discusiones y decisiones sobre la propia película».
Grabaciones clandestinas: «Marcos era cuidadoso con lo que grababa y, además, con la pandemia se legalizó el uso del celular en muchas cárceles. El celular es una herramienta fundamental para quienes están detenidos: les permite comunicarse con sus familias, seguir sus causas, sostener algún vínculo con el afuera. También evita conflictos dentro del propio sistema. Más allá de cómo se regule su uso, es una forma de conexión que en esas condiciones resulta esencial. Marcos grabó en distintos penales: Sierra Chica, Alvear, Magdalena y Varela. Fue trasladado varias veces, en algunos casos por decisión del sistema y en otros para acercarlo a su familia. Las visitas implican viajes largos, horarios estrictos, permanencias de varias horas».
El trabajo con el sonido: «Fue uno de los mayores desafíos. Todo el material original estaba grabado con el micrófono del celular, en condiciones muy complejas. Hubo un trabajo muy importante de postproducción para separar la voz del ambiente y tratarlos de manera diferente. También se grabaron algunos sonidos directos en otra cárcel para complementar. Dentro de los penales hay un nivel de ruido constante: música, parlantes, conversaciones. El silencio es algo excepcional. Todo eso hacía que el material fuera difícil de trabajar, pero también forma parte de la experiencia que la película intenta transmitir».
El reconocimiento en BAFICI: «Fue una emoción enorme. Uno siente que lo que está haciendo es importante y lleva mucho esfuerzo, pero sabe que los premios son arbitrarios, que dependen del jurado, de las otras películas y de muchas circunstancias. Aun así, cuando te toca es un reconocimiento y es un abrazo».
(*) Plata o mierda se podrá ver en Cine Gaumont en los siguientes días y horarios:
Sábado 02/05, 20:15 hs.
Domingo 03/05, 20:15 hs.
Lunes 04/05, 20:15 hs.
Martes 05/05, 20:15 hs.
Miércoles 06/05, 20:15 hs.
Link para comprar las entradas.
Otras funciones:
Jueves 07/05, 18hs. Cine Teatro Municipal Quilmes.
Jueves 14/05, 19hs. Sala Norita Cortiñas. Espacio INCAA-ATE Cultura.
Trailer de Plata o mierda, de Toia Bonino y Marcos Joubert






