El programa Atrapar al depredador (To Catch a Predator, en su título original) comenzó como un segmento de la señal estadounidense NBC. Cada semana, en entregas editadas como trailers de películas de acción, el periodista Chris Hansen confrontaba con pedófilos que llegaban a una suerte de casa-trampa montada por el propio programa.
La modalidad siempre era la misma. La producción del ciclo ponía un «señuelo» (podía ser una chica o un chico, ambos mayores de edad, que fingían ser adolescentes de 13 o 14 años) que entablaban una conversación en salas de chat antes de acordar una cita. Los interesados, que generalmente eran hombres, solían rondar entre los 18 y los 60 años. El objetivo del programa, al menos inicialmente, era llamar la atención de los padres y reforzar la idea del «no hables con extraños».
Showman con alma de justiciero, Hansen entendía como nadie los códigos televisivos. Sorprendía a los hombres, los humillaba frente a cámara con un extenso interrogatorio y, finalmente, les ofrecía la libertad de irse del lugar. Afuera de la casa, previo acuerdo con la producción de Atrapar al depredador, la policía esperaba en silencio para detenerlos. Una versión edulcorada de algo innegablemente sórdido.
Entre 2004 y 2007, el programa fue un fenómeno de audiencia. Pasó de ser un segmento a convertirse en un programa independiente de la NBC y Chris Hansen se volvió un referente «cazador» de pedófilos, según los medios de la época.
Casi 20 años después, Predators, el documental del cineasta estadounidense David Osit, recupera los archivos de algunas emisiones para intentar entender el éxito, la caída y el legado de Atrapar al depredador.
La película tiene buenos aportes del etnógrafo Mark de Rond que explica frente a cámara el montaje del programa cada vez que captura a un abusador: «En ese instante, el tiempo se detiene. Lo que se ve es, en efecto, el final de la vida de alguien, y esa persona se da cuenta. El objetivo del programa era concienciar sobre los peligros de internet y el riesgo de los extraños, pero acabó conmocionando a toda una nación».
«No quiero que el público venga con ideas preconcebidas, pero me gusta la idea de que esta película pueda ser una especie de caballo de Troya para las personas a las que les gusta true crime y nunca se paran a pensar por qué”, dijo Osit durante el estreno en Festival de Sundance.



