«Me llamó mucho la atención lo fresca y lo graciosa que era, el buen humor que tenía. Había una alegría de vivir que estaba en todo lo que veía», me contó esta semana la cineasta Mariana Sanguinetti sobre Annemarie Heinrich, su bisabuela, una de las fotógrafas más importantes del siglo XX en Argentina.
La realizadora la conoció poco. Cuando compartieron tiempo juntas, Heinrich ya era una mujer grande y la imagen que conservó de ella fue la de una artista reservada y completamente dedicada a su trabajo. Durante la pandemia, Sanguinetti comenzó a investigar la vida de su bisabuela y se encontró con una imagen diferente.
De esa búsqueda nació Annemarie, un documental construido a partir de fotografías, cartas, diarios, archivos televisivos y testimonios que arman un completo perfil del personaje. La producción, que se estrenó esta semana en cine MALBA, tiene testimonios de fotógrafos y amigos de la artista como Aldo Sessa, Sara Facio y Eduardo Comesaña, que la conocieron y se formaron con Heinrich.
El documental también incluye entrevistas con sus hijos Alicia y Ricardo Sanguinetti, fotógrafos y custodios del archivo, y una entrevista con su hermana Úrsula Heinrich, con momentos hilarantes en la segunda mitad del largometraje. «Annemarie tenía una obcecada constancia para buscar la perfección desde lo técnico», dice el fotógrafo y curador Juan Travnik. «Era alguien que te hacía sentir alguien», recuerda la actriz Graciela Borges.
La película se completa con muy buenos archivos televisivos de Almorzando con Mirtha Legrand (Canal 9) y Siglo XX Cambalache (Telefé) que la propia Annemarie guardó durante años junto a otras entrevistas en medios. Emotivo, delicado en su presentación y con momentos muy divertidos, Annemarie reconstruye la vida de la fotógrafa de una manera cercana y pone sobre la mesa la importancia de preservar el legado de los artistas.
A propósito del estreno en salas de Buenos Aires, esta semana hablé con Mariana Sanguinetti, directora de Annemarie, sobre el origen del proyecto en plena pandemia, el trabajo de selección de fotografías y los entrevistados.
El origen: «Comenzó durante la pandemia. Me parecía que era un proyecto que para encararlo había que tener mucho tiempo y poca urgencia. Yo no sabía cuánto me iba a llevar la investigación o adónde me iba a llevar, pero la pandemia, en ese sentido, fue un muy buen momento. El estudio estaba cerca y todo era bastante amable: no había que viajar, no había que juntarse con gente».
Una investigación que se convirtió en rodaje: «En un primer momento, mientras investigaba, iba registrando para saber adónde volver y dónde tenía las cosas. Eso hizo que fuera muy en paralelo el momento de investigación con el momento de filmación. Yo no sabía que esos materiales los iba a usar para la película. Cuando me senté en una isla de montaje entendí que eso que había registrado para la investigación iba a ser parte de la película. Con Andrés Medina, un montajista que estuvo al comienzo, entendimos que había cosas novedosas y menos previsibles en esos registros. Después, con Ana Godoy, que es la montajista final de la película, entendimos que aparte de eso había que ir a buscar cosas específicas».
La selección de las fotografías: «Fue muy difícil. Hubo un momento en que era: ‘o dejamos cosas afuera y soltamos o es un PowerPoint de fotos que le va a gustar a veinte personas, pero no es una película’. El objetivo tampoco era mostrar las fotos de Anne. Me parece que tenían que estar, obviamente, y que es muy lindo ver fotos en pantalla grande. Pero si yo tenía la sensación de que lo que tenía que hacer era mostrar el archivo de Anne, tendría que haber hecho una película contemplativa de seis horas».
El archivo: «Annemarie tenía una concepción bastante integral de lo que era ser un artista. Entonces guardó con el mismo cuidado sus fotos, sus diarios íntimos, las entrevistas en la televisión y las cartas con amigos. Yo no sé exactamente por qué lo guardó. No sé si era como un gesto alemán que le quedó de otro momento, de cierta personalidad muy ordenada, o si tiene que ver —yo elijo creer que tiene que ver— con que ella se consideraba una artista. Entonces todo en su vida tenía valor: tenían valor los negativos como tenían valor los diarios y las notas. Después hubo un trabajo muy grande de sus hijos y de la gente que trabaja en el estudio para volver a ordenarlo, porque una parte está ordenada por ella y otra parte creo que no llegaron a ordenarla entera antes de su muerte».
Lo que descubrió sobre su bisabuela: «Me llamó mucho la atención lo fresca y lo graciosa que era, el buen humor que tenía. Había una alegría de vivir que sentí que estaba en todo lo que veía. Yo tenía la imagen de una artista muy dedicada a su trabajo, muy seria y reservada. Durante la investigación me encontré con una persona a la que le encantaba ir a fiestas, viajar, ir al teatro, al cine. Tenía un montón de amigos, hacía reuniones en su casa. Creo que lo que más me sorprendió fue encontrarme con esa alegría de vivir, de poder trabajar con gente y de hacer lo que le gustaba. Su yerno desapareció en la última dictadura y su marido murió de una manera medio trágica».
Úrsula Heinrich, su hermana: «No sabía que iba a ser tan potente lo que me iba a encontrar, sobre todo porque era una persona de cien años. No es lo que uno se imagina de una persona de cien años. Yo sabía que Úrsula era una persona que tenía cosas para contar porque mi tía la iba a visitar muchas veces a Estados Unidos y porque tengo muy buen vínculo con su hijo, pero no me imaginé el personaje que había realmente. Tampoco me imaginé lo potente que es ver a una persona de edad tan avanzada con la cámara. Incluso en los momentos donde ella no dice nada y se queda en silencio: ves toda una vida. Es de la poca gente que habla solo en pasado y eso para mí, en el cine, es fuerte. Después me quedé pensando y me parece que hay algo del vínculo de hermandad que es muy fuerte. No es casualidad que ella sea la hermana de Anne y tenga tanto para decir, pueda hablar con tanto cariño y contar cosas tan íntimas».
La reacción de la familia: «Les gustó. Me parece que se sorprendieron porque no habían visto nada del proceso. Vieron que yo iba entrevistando, iba pidiendo cosas y preguntando, pero no les mostré un corte antes. Creo que se imaginaban un documental más clásicamente biográfico que dijera lo mismo que ellos ya sabían y decían de Anne, y se encontraron ellos mismos enterándose con otros testimonios que no sabían que existían y también con una mirada más libre mía en relación a quién fue ella».
El futuro del archivo: «Por supuesto que no puede depender de la buena voluntad de la familia. Es una pregunta que excede el archivo de Annemarie. Es una pregunta sobre un montón de archivos que están en la Argentina. El de Annemarie tiene la suerte y la particularidad de que sus hijos son fotógrafos y saben cómo conservar ese archivo. Hay unas chicas que trabajan en el archivo y mucha gente interesada en cuidarlo. Pero no puede depender de tener la suerte de haber tenido hijos que cuiden eso. Hay muchísimas historias de archivos que se pierden o que están en mal uso. Incluso los que están conservados quizás no se ven porque es mucho trabajo el que hay que hacer. Mi postura es que el Estado se tiene que ocupar de garantizar eso porque es patrimonio cultural del país. Ojalá la película también pueda cumplir esa función de reivindicar ese reclamo, de cuidar los archivos y de armar una institución. Que no dependa de tener la suerte ni de tener que estar todo el tiempo consiguiendo dinero externo».
(*) Annemarie se podrá ver en los siguientes días y horarios:
Cine MALBA:
Viernes 09/10, 20hs
Viernes 16/10, 20hs
Viernes 23/10, 20hs
Viernes 30/10, 20hs







