«Quería que el sentido del pudor me ayudara a salir de esa Nápoles que forma parte de nuestro imaginario. El blanco y negro fue una elección narrativa y no estética. Quería crear un archivo contemporáneo de imágenes, un presente que se convierte en archivo en el mismo momento en que sucede», respondió el director italiano Gianfranco Rosi cuando le preguntaron por la decisión del registro en blanco y negro de Pompeya: Bajo las nubes, su último documental.
Después de filmar Sacro Gra (2013) en Roma y Fuocoammare (2016) en la isla de Lampedusa, documentales de los que escribo al final de este correo, Rosi vuelve a Italia para retratar las tensiones cotidianas del pasado y el presente entre el golfo de Nápoles y el Vesubio.
Como en documentales anteriores, el cineasta delimita una zona y elige a sus personajes. En este caso, incluso parece jugar con dos niveles. Debajo de la tierra para presentar una serie de excavaciones clandestinas y en la superficie para mostrar las preocupaciones diarias que reciben los Bomberos locales o conocer la identificación de hallazgos arqueológicos de la zona del Monte Vesubio. Considerado uno de los volcanes más peligrosos del mundo, es famoso por la erupción del año 79 d.C. que sepultó a Pompeya y Herculano.
Un drama que resuena, todavía hoy, en muchos pobladores. Midiendo el pulso de la ciudad y sus alrededores, Rosi va descubriendo en simultáneo una ciudad subterránea, secreta y misteriosa arriba o abajo de la tierra.
«La elección inicial era rodar en los pueblos del Vesubio, en los subterráneos del MANN, el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, que alberga los tesoros procedentes de los Campos Flégreos, Pompeya y Herculano, es decir, nada más y nada menos que 2500 años de historia. Quería filmar la otra Nápoles, la del Vesubio visto desde el lado opuesto. La menos conocida, la más ligada al sentido del pasado, con otro dialecto y otras costumbres culinarias», contó el director.
Las enormes tomas panorámicas, la fotogenia y la ausencia de voces en off o música de relleno, una marca registrada dentro de su filmografía, le dan al largometraje una presencia delicada, casi perfecta. «Si querés rodar en blanco y negro, tenés que aprender a mirar en blanco y negro, lo cual implica captar todos los matices de grises. Las nubes fueron para mí una especie de protección, ya que te permiten filmar a 360 grados porque no tenés sombras, no tenés excesos de luz, te ayudan a encontrar la distancia justa respecto a lo que estás contando», explicó el experimentado realizador.
En documentales anteriores como Below Sea Level (2008), Rosi visitó durante un período de cinco años una base abandonada de la fuerza naval estadounidense a 300 kilómetros de Los Ángeles para grabar las historias de un grupo de hombres y mujeres que decidieron vivir fuera del sistema y bajo sus propias reglas. En El sicario: Room 164 (2010), probablemente la más estremecedora de todas sus películas, un asesino a sueldo que trabajó para un cartel mexicano en Ciudad Juárez detalla por primera vez los métodos que usó a lo largo de 20 años para eliminar personas a pedido. En Notturno (2020), también disponible en MUBI, recorre las zonas de frontera arrasadas por diferentes conflictos bélicos en Siria, Irak, Líbano y Kurdistán.
Diego Battle recuerda en Otros Cines algo infrecuente para un director de documentales. Rosi consiguió los máximos galardones de los festivales europeos. En 2013, Sacro GRA recibió el León de Oro de Venecia. En 2016, Fuocoammare se quedó con el Oso de Oro de la Berlinale. Hace algunos meses Pompeya: Bajo las nubes ganó el Premio Especial del Jurado en la última edición del Festival de Venecia.
«Cada vez que ruedo una nueva película, se convierte en un auténtico reto encontrar un lenguaje nuevo, experimentar con enfoques distintos que generen una nueva forma de relato», asegura el documentalista italiano.





