Cuesta encontrar antecedentes sobre el episodio que narra este documental. El 16 de agosto de 1988, Hans-Jürgen Rösner y Dieter Degowski, dos improvisados ladrones con antecedentes penales, robaron una sucursal del Deutsche Bank en la localidad alemana de Gladbeck y huyeron con rehenes. Durante 54 horas, miles de personas pudieron seguir de cerca sus movimientos, negociaciones y amenazas gracias a la inédita participación de la prensa, una suerte de intermediaria con los delincuentes.
En Gladbeck: el drama de los rehenes, el director alemán Volker Heise concentra en 91 minutos las escenas más increíbles del raid que mantuvo en vilo a Europa. Rösner y Degowski giraron por ciudades alemanas como Bremen, Colonia, Hamburgo y Wuppertal para detenerse en kioscos o estaciones de servicio.
Más de 30 años después, el episodio sigue llamando la atención por varios motivos. El primero tiene que ver con la participación irresponsable de la prensa, principal mediadora con los asaltantes. El segundo, quizás el más alarmante, se vincula con la policía. En todos los archivos de la cobertura televisiva, se ve a las fuerzas de seguridad actuando a distancia e interviniendo entre poco y nada, incluso cuando la comunicación con los delincuentes suponía un riesgo para los rehenes y para los periodistas.
Un editor en jefe de un diario de Colonia, por ejemplo, llegó a subirse voluntariamente al auto de los ladrones armados para cubrir una parte del trayecto y garantizarles la seguridad.
En mi cuenta X compilé algunos de esos momentos insólitos. Un periodista entrevista a Dieter Degowski y a la rehén Silke Bischoff durante una escala en la estación de servicio; Hans-Jürgen Rösner habla con los medios durante su breve paso por Colonia y, por último, los curiosos de la zona opinan sobre la toma de rehenes. «La gente siente curiosidad», dice una joven. «¿Cómo en las películas?», le pregunta un periodista. «Sí, más o menos», contesta ella.
Los dos ladrones y la pareja de uno de ellos, que se sumó al grupo con la toma de rehenes en marcha, se mantuvieron despiertos mezclando alcohol, tabaco y anfetaminas. Una combinación que los dejó despiertos por más de dos días. El caso Gladbeck tuvo adaptaciones al cine como 54 Hours: The Gladbeck Hostage Crisis, pero ninguna ficción parece superar la realidad que devuelven las imágenes del documental de Heise, un trabajo alucinante que podría haber sido incluso más extenso.
Es curioso pero en los últimos diez minutos de Gladbeck: el drama de los rehenes, cuando se produce el dramático desenlace de la historia, por primera vez no hay registros audiovisuales. Y es que, al cumplirse 54 horas de cobertura de la toma de rehenes, la prensa se quedó sin acceso al operativo policial. Una situación que el realizador repone con imágenes de la época que permiten intuir que las cosas no terminaron bien.
Después de lo ocurrido en Gladbeck, los periodistas alemanes ya no pueden entrevistar a los delincuentes ni mediar por su cuenta mientras cometen un delito. La Federación Internacional de Periodistas (FIP) publicó la Carta Mundial para Periodistas que incluye un artículo que estipula la obligación de respetar la dignidad de las personas en casos como el de Gladbeck
.




