Hace algunas semanas, a propósito del estreno de su película Nuestra tierra en el Festival Internacional de Cine de Venecia, la directora Lucrecia Martel aseguró: «Argentina tiene un pasado colonial y un presente de república en donde la colonia ha continuado respecto de la propiedad de la tierra sin mucha reflexión. Eso hace que sea tan actual el problema de las comunidades indígenas reclamando territorios».
En su primer largometraje documental, Martel se ocupa del crimen de Javier Chocobar, un miembro de la comunidad indígena de Chuschagasta de Salta, asesinado a tiros cuando defendía uno de sus territorios en 2009. Casi en simultáneo a su estreno en Venecia, llegó por estos días a la sala del cine MALBA el documental Senda india, el trabajo más reciente de la directora Daniela Seggiaro, que dialoga con las problemáticas planteadas en Nuestra tierra.
En 1991, con el objetivo de reunir evidencia para el juicio por la propiedad de sus tierras, el joven wichí Miguel Ángel Lorenzo comenzó a registrar con una cámara de video Hi8 las actividades y los movimientos de la comunidad en General Mosconi, provincia de Salta. El resultado de ese experimento, plasmado ahora en Senda india, fueron 30 horas de grabaciones donde no faltan el humor y la curiosidad.
Lorenzo y otros miembros de la comunidad recorren el monte o visitan las casas de sus vecinos mientras reflexionan sobre la propiedad de la tierra y la injusticia de no ser reconocidos.
«El tema del aborigen siempre pasa por un segundo o tercer lado, nunca se lo toma en serio en Argentina«, dice uno de los wichí en una de las incursiones al monte. Durante esas expediciones se estudian plantaciones, se mencionan remedios caseros y charlan sobre diferentes descubrimientos. Lorenzo se convierte, casi involuntariamente, en un camarógrafo amateur para mostrar el interior de un pueblo sufrido y, sobre todo, olvidado.
El conflicto en el monte salteño se remonta a la década del ‘70, cuando los wichí de Misión Tolaba iniciaron las primeras acciones legales para reclamar su territorio. Por entonces, el gobernador salteño Miguel Ragone propuso un proyecto de ley para contemplar su uso y destinar a Misión Tolaba unas 900 hectáreas. En 1976, tras el golpe de Estado, la dictadura secuestró y desapareció a Ragone y consecuentemente suspendió todo proyecto de restitución de tierras. Con el regreso de la democracia, en 1986 se inició un juicio de prescripción de dominio o posesión veinteañal contra la empresa que reclama ahora el título de propiedad en la zona.
A propósito del estreno en cine MALBA, esta semana charlé con la directora Daniela Seggiaro sobre el origen de su documental, los enfoques que predominan sobre la mirada indígena y el tratamiento de los archivos registrados por la comunidad.
El origen: «Conocí la historia de la comunidad cuando era estudiante de cine y me enviaron unos VHS con algunas de las imágenes con las que ahora se armó Senda india. En esta pulsión por contar y dar a conocer el caso, Miguel Ángel Lorenzo y los miembros de la la comunidad no solo hacían estos registros sino que intentaban que eso llegara a distintos lugares. Guardé los VHS durante mucho tiempo y siempre fueron para mí un material de consulta que, si bien no se veía en alta resolución, se escuchaba perfecto. Había algo muy fascinante en ese recorrido por el monte. Cuando estaba trabajando en el guión de Husek (2021) conocí más sobre el entorno de los materiales, sobre el juicio y sobre la participación política tan especial que tuvo la comunidad. Me enteré que el Museo del Cine tenía una muy buena videocasetera y pudimos digitalizar los materiales. Logramos estabilizar las imágenes y a partir de ahí propuse a la comunidad la posibilidad de hacer una película».
El montaje: «Eran 30 horas de material original. Yo no quería sobreescribir el material sino organizarlo. Trabajamos mucho el montaje con Benjamín Ellenberger. Las tomas en general duran lo que duran porque cuando alguien empieza a usar una cámara muchas veces hace tomas muy largas. Entonces, en general, no hay cortes internos en las tomas, pero sí una organización de todos los fragmentos que nos parecían importantes y construían escenas. Tratar de encontrar la mirada la mirada de Miguel Ángel, sobre todo, fue muy importante en todo el proceso. Él quería hacer una película y hacía un registro con conciencia y pulsión narrativa».
La cuestión indígena: «Es un tema que está desde los orígenes de nuestro Estado Nación, siempre marginado. Las comunidades con sus organizaciones van teniendo todo el tiempo acciones de resistencia al olvido. La película es un puente con esa perspectiva indígena que está imbuida en el material. Sabíamos que era un poco radical en sus formas contar un caso tan grande en un documental, pero nos gustan las películas vinculadas a la experimentación con el lenguaje».
El objetivo: «Trato de escaparle a la exotización de las comunidades. Realmente creo que es un peligro grande que enfrentan todas las películas que trabajan con la cuestión indígena. Trato de pensar en el punto de encuentro y desencuentro entre lo indígena y lo occidental».






