En un momento crítico para el periodismo, la existencia de una revista como The New Yorker se parece bastante a un milagro. El semanario estadounidense, reconocido en el mundo por sus estándares de calidad, festejó a comienzos de 2025 cien años de historia, y hace pocos días Netflix estrenó The New Yorker cumple 100 años.
Se trata de un documental contado en dos líneas narrativas que cruzan el pasado y el presente de la prestigiosa publicación. Por un lado, la actriz estadounidense Juliane Moore es la voz en off que relata distintos hitos de The New Yorker a partir de su fundación, en la década del ‘20. Un recurso que permite dar un contexto de la Nueva York de la época, de los cambios en el mundo y, sobre todo, de los abordajes que la revista hizo de los temas de actualidad.
Por otro lado, el presente se refleja en el periodista David Remnick, editor jefe de The New Yorker desde 1998, en la cuenta regresiva para el cierre del número especial por el centenario. ¿Cuál debería ser la ilustración de tapa? ¿Qué notas debería incluir? ¿Cómo sintetizar un siglo de historia? El documental se mete en las reuniones de sumario para dar a conocer todos los detalles.
«La portada tiene que hablar del presente y, al mismo tiempo, ser una obra de arte atemporal que podríamos enmarcar y colgar en la pared. Tener esa meta semanal me llena de ansiedad incluso después de 30 años», dice Françoise Mouly, directora de Arte de la revista, en una de las entrevistas.
En simultáneo, la película sigue a otros integrantes de la redacción. Acompaña al cine al crítico Richard Brody, visita a la caricaturista Roz Chat y muestra el proceso semanal de selección de textos de ficción a cargo de la editora Deborah Treisman. La actualidad estadounidense se filtra con una cobertura de la campaña del entonces candidato republicano Donald Trump. La noche de su triunfo, en noviembre de 2024, Remnick tenía preparadas dos tapas para la revista: una para la candidata demócrata Kamala Harris y otra para Trump.
Al menos dos investigaciones iniciadas por The New Yorker tuvieron su adaptación audiovisual. Se trata de los documentales Catch and Kill: The Podcast Tapes y Surveilled, conducidos por el periodista Ronan Farrow, que comento al final de este correo. La revista estadounidense, una de las más antiguas e influyentes del mundo, es una verdadera rareza por varios motivos. En cada cierre de edición un grupo de 29 verificadores chequea minuciosamente cada afirmación de los artículos publicados.
Quizás por el carácter auto celebratorio del documental las tensiones típicas de cualquier redacción, que el largometraje omite, casi no están expuestas más allá de algún desacuerdo menor comentado al pasar. Hay referencias más bien institucionales a sus dueños, el grupo estadounidense Advance Publications, propietario de otras publicaciones de renombre como Vogue o GQ. En cualquier caso, The New Yorker tiene un prestigio bien ganado en un mercado cada vez más golpeado por los bajos presupuestos y la precarización.
En mi cuenta de X esta vez rescaté tres momentos del documental: 1) las tapas de la revista sobre los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, 2) los objetos que guardó el jefe de mantenimiento Bruce Diones en la oficina y 3) el plantado preliminar de la edición aniversario.




