Entre 1954 y 1989, Paraguay atravesó la dictadura más larga de Sudamérica. Durante ese período, la mayoría de los archivos fílmicos del país no se conservaron o sencillamente desaparecieron.
A casi cuarenta años del final de la dictadura de Alfredo Stroessner, Bajo las banderas, el sol reúne fragmentos de un archivo disperso para presentar una foto de la historia reciente del Paraguay. El documental, que desde esta semana se podrá ver en la Sala Lugones y en cine MALBA, está montado sobre la base de más de 120 horas rescatadas de archivos públicos y privados en los Estados Unidos, Francia y Alemania.
Aunque la idea inicial era abarcar la historia paraguaya desde sus orígenes («Todo lo que encontrábamos queríamos meterlo en la película», me contó el realizador paraguayo Juanjo Pereira en la entrevista que acompaña esta edición), la película opta por centrarse en los 34 años que duró la dictadura de Stroessner. En esa búsqueda, el largometraje tiene un ida y vuelta interesante con el punto de vista. Frente a la imposibilidad de rastrear filmaciones locales, el documental apela a la mirada de los corresponsales extranjeros.
Los materiales reponen una memoria del país en distintas décadas, signadas por el control y la represión policial, desde la asunción del gobierno militar. Además de construir una imagen del poder que ejercía Stroessner, la película muestra la vida de la gente común y algunas publicidades de la época. De los muchísimos archivos que tiene la producción, en mi cuenta de X publiqué dos: un informe de la televisión brasileña en las calles de Asunción y una entrevista de corresponsales franceses a un simpatizante del Partido Colorado que dice vivir en democracia.
Durante las tres décadas de gobierno de facto, Stroessner viajó por muchos países del mundo. Hay grabaciones de su llegada con honores a los Estados Unidos de Lyndon Johnson o imágenes de su gira europea con visitas de Estado en París, Madrid (donde le regaló dos pumas al dictador Francisco Franco para un parque zoológico) y a la ciudad alemana de Hof, donde visitó familiares.
Encontré en Bajo las banderas, el sol muchas similitudes con State Funeral, el documental de Sergei Loznitsa armado con los registros de 200 camarógrafos sobre la muerte del líder soviético Josef Stalin. Ambas películas se construyen con archivos encontrados y ambas siguen a regímenes personalistas y controladores con distintos finales. Otra referencia directa, sin dudas, es Autobiografía de Nicolae Ceausescu, del cineasta Andrei Ujică editada con grabaciones del aparato de propaganda de la dictadura de Nicolae Ceausescu en Rumania.
En el informe final de la Comisión de Verdad y Justicia de Paraguay se registraron 20 mil víctimas de violaciones directas de los derechos humanos, 19.862 personas detenidas en forma arbitraria o ilegal y 336 desaparecidos. Tras ser derrocado por su consuegro Andrés Rodríguez, en 1989 Stroessner se exilió en Brasil y murió en su mansión de San Pablo en 2006 sin ser juzgado.
A propósito del estreno en salas de Bajo las banderas, el sol, uno de los mejores documentales de 2025, esta semana hablé con el director Juanjo Pereira sobre el origen de su película, la búsqueda de los archivos por el mundo y la experimentación.
El origen: «Todo empezó en FADU (Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires) cuando estudiaba una materia sobre la historia del cine latinoamericano y de Paraguay no había nada. En 2014, empecé a buscar información sobre el tema y me topé con un programa de cine paraguayo en Palais de Glace. Vi las primeras películas paraguayas hechas en 1930 y eso se convirtió en mi proyecto final de la carrera. En ese tiempo encontré un lugar que se llama Asunción Audiovisual, que no es un archivo, es un lugar de salvaguarda de materiales que recopila algunas cosas que fue encontrando sobre la historia de Paraguay. Ellos tienen copias de las copias, nada de originales, con películas de los años ‘70 que se hicieron en Paraguay. Luego, con la ayuda de algunos historiadores que conocí durante la pandemia, empecé a investigar más cosas de afuera, especialmente de los Estados Unidos y Francia. Ese fue el germen de la película».
Los archivos: «Al principio, era un proyecto mucho más grande y pretencioso sobre la historia de Paraguay que iba de 1870 hasta la actualidad. Todo lo que encontrábamos queríamos meterlo en la película. Empezamos a encontrar cosas por partes y vimos que el factor en común era la dictadura y que la historia del cine paraguayo quedaba delimitada por el proceso dictatorial de 1954 donde obviamente no se guardó nada. Empezamos a trabajar con los archivos oficiales para contar cómo era esa época y jugar todo el tiempo con la atención del punto de vista internacional y del punto de vista local».
El rol de los historiadores: «A través de un amigo conocí a Ana Barreto Valinotti, una historiadora muy ligada a la historia de la fotografía y el arte en Paraguay. En una primera instancia, le conté que tenía un proyecto con archivos audiovisuales de Paraguay y quería saber más sobre la dictadura. Ella me orientó con bibliografía y muchísimos libros para ese tramo de la investigación. Luego, en los años siguientes, yo traía un material y ella me orientaba respecto del año o el período de las imágenes. Había muchos materiales mudos, sin placas y sin el año, por lo que tuvimos que hacer un trabajo muy fino observando ciertos rasgos de época. Los autos que circulaban o conexiones específicas de cables que daban cuenta del tiempo del tendido eléctrico, entre los detalles que mirábamos en nuestro trabajo de reconocimiento. Luego Ana me derivó con otros historiadores para trabajar, por ejemplo, el tema de las ligas agrarias de Paraguay que aparecen en la película con el testimonio de un campesino del grupo de cristianos organizados que sufrieron una represión terrible».
El método de trabajo: «Nosotros trabajamos con una plataforma llamada Miro, que es un dashboard digital, una especie de mesa de trabajo enorme e infinita. Empezamos a dividir temáticamente todo en base a lo que encontrábamos: animales, paisajes, mapas de Asunción, banderas, transportes (N. del E.: durante nuestra conversación, Juanjo me mostró una de las planillas del archivo). En total fueron más de 120 horas de archivos. Puede parecer mucho, pero para un país es poco. Creo que no tiene que ver con la cantidad sino con la importancia de cada una de las cosas que pasan, que en algunos casos nunca se vieron. El proceso fue asociar. También fue clave no tener una voz en off. Sin embargo, teníamos que explicar ciertas cosas, no podíamos ser tan sensoriales, así que decidimos hacerlo cronológicamente».
El presupuesto: «Cada decisión de materiales estuvo de la mano del presupuesto. La película tiene cortes muy puntuales, pero ese impedimento económico nos dio una apertura creativa. Teníamos que ser más conscientes de lo importante que era cada plano, no de una secuencia en general, sino del plano y la mirada».
La experimentación: «En un archivo de 120 horas podés sacar diez mil películas diferentes. A mí no me gusta el rodaje, tampoco soy muy bueno con la cámara. Encontré una forma de trabajar que es acorde a mi locura (risas). Poder estar con materiales ya armados por otros, en este caso. Yo lo que hice fue experimentar con esto una y otra vez. Creo que es súper enriquecedor».
Documentales de referencia: «En el momento que empezamos a hacer la película yo tenía como referencia a El fondo del aire rojo (Le fond de l’air est rouge, de Chris Marker, 1977) y Una juventud alemana (Une jeunesse allemande, de Jean-Gabriel Périot, 2015). Marker trabaja, sin embargo, con otra temporalidad y otra búsqueda. Quisimos experimentar también con películas de Mika Taanila, un director finlandés que trabaja mucho con música electrónica. También vimos State funeral (de Sergei Loznitsa, 2019) que es una locura con lo solemne y compleja que fue la muerte de Stalin para los rusos».







