En los primeros minutos de Dejar Romero aparecen arrumbadas fotografías antiguas, historias clínicas y cartas nunca enviadas. Se trata de los archivos de Hospital Dr. Alejandro Korn, conocido como Melchor Romero, uno de los hospitales psiquiátricos más antiguos de la provincia de Buenos Aires, fundado en 1884.
«Entendemos que estas cartas nunca salieron porque los originales están acá», explica una de las médicas. «Y entendemos también que muchas veces (los médicos) aprovechaban la escritura de la gente para poder hacer los diagnósticos», apunta.
Los directores argentinos Alejandro Fernández Moujan y Hernán Khourian llegaron ahí para retratar el trabajo casi silencioso que realiza el Movimiento por la Desmanicomialización en Romero (MDR). Un equipo que busca procesar la información acumulada en los archivos para reconstruir una memoria del lugar y dar cuenta de los padecimientos de 140 años de historia de encierro. Ese trabajo minucioso permitió saber cómo llegaban las personas y cómo se las medicaba.
Una innumerable cantidad de cartas originales, generalmente dirigidas a familiares o a consulados, revela la vida puertas adentro del manicomio. En este sentido, Dejar Romero cruza dos trabajos simultáneos que se conectan entre sí. Por un lado, la complicada tarea de ordenar y catalogar esas fichas añejas, muchas veces incompletas. Y, por el otro, el abnegado trabajo de los profesionales para asistir a los externados en su nueva vida fuera del manicomio, probablemente el costado más luminoso del documental.
La Ley de Salud Mental sancionada en Argentina en 2010 estableció el final de los manicomios. «La desmanicomialización –explican los realizadores al comienzo de la película– es un cambio profundo en las instituciones públicas de salud mental, pero principalmente en las personas institucionalizadas». En su tratamiento del tema, Dejar Romero consigue una cercanía única con el equipo de MDR y, sobre todo, con los pacientes. Los verdaderos protagonistas de una historia con final feliz.
A propósito de su estreno en el cine de MALBA, esta semana hablé con Alejandro Fernández Moujan y Hernán Khourian, directores de Dejar Romero, sobre el origen del proyecto, el proceso de trabajo con los archivos y sobre los documentales alrededor de la salud mental.
El origen: «Surgió a partir de la invitación de un grupo de trabajadores nucleados en el Movimiento por la Desmanicomialización en Romero (MDR) después de crear el archivo histórico del hospital y comenzar a trabajar en la recuperación, preservación y clasificación a comienzos de 2019. Paralelamente empezamos a observar en la actualidad el proceso de desmanicomialización, siguiendo de cerca la vida de los pacientes y de quienes son el motor de este proceso. En el origen está la intención de dar cuenta del manicomio como un lugar de encierro de donde no se sale mejor, se aísla a quienes no queremos ver o nos causan problemas. El manicomio es un lugar hacia el que, por lo general, no queremos mirar ni saber qué pasa. También lo encaramos porque creemos que este sistema de atención de la salud mental debe terminar»
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La búsqueda: «Ambos directores en distintos momentos y por diferentes razones habíamos encarado filmaciones en el lugar, pero a instancias del MDR surgió la idea de volver a Romero, en principio sabiendo de la existencia desperdigada y caótica de los archivos, y de la importancia del momento histórico para encarar su recuperación como una memoria abierta podía contar las secuelas de las prácticas manicomiales. Fueron cinco años de trabajo de integración a esta realidad mediante un registro periódico y metódico, pandemia de por medio, hasta encontrar la historia que dió forma a Dejar Romero«.
Los archivos: «Actualmente forman parte del Área de Derechos Humanos del hospital. Pensamos que parte del fin del manicomio tiene que ver con la recuperación y valorización en la medida que los registros son de personas que pasaron por el hospital y terminaron sus días en situación de encierro e invisibilidad. Miles de historias anuladas a las que de alguna manera se busca rescatar del olvido. En la medida que sea conocida su existencia hay más posibilidades de que familiares de estas personas puedan saber su historia tiempo después. Hay casos concretos de solicitudes al archivo y de historias que han sido rescatadas después de un pedido y un meticuloso trabajo de búsqueda. Fue muy impactante el entrar por primera vez a la sala donde estaban depositados y las condiciones en las que estaban».
Los pacientes: «El presente de los externados sigue adelante, se los ve cada vez más integrados a una vida en sociedad a través del barrio y con el acompañamiento y el cuidado por parte de quienes han iniciado este proceso con ellos. La idea es que puedan independizarse cada vez más y valerse por sí mismos, para eso ellos también deben poner el esfuerzo en revincularse por fuera de una institución en la que vivieron gran parte de su vida. Hay en marcha nuevos planes de vivienda para concretar la salida de quienes aún siguen en salas. Los y las externados siguen concurriendo a talleres en el Club Alborada o yendo a clases en la escuela pública más cercana. Cuando estrenamos la película en BAFICI en 2024 vinieron cerca de 50 al Cine Gaumont y participaron de esa primera exhibición pública fuera de Romero».
Documentales sobre salud mental: «Implica un gran compromiso sostenido en el tiempo tanto en la producción como en su realización. Las condiciones rara vez son las ideales para este tipo de proyectos. Se necesita descubrir una relación con las personas y el lugar, buscar un punto de vista que a la vez sea lo suficientemente abierto en términos cinematográficos, pero sin perder la sensibilidad de lo que muestra. En este sentido, lo fundamental en Dejar Romero fue tener la libertad total y la confianza de los trabajadores que nos permitió construir una mirada singular sobre esas caras, cuerpos, historias invisibilizadas y nunca contadas».